PSYCHOECONOMY
13nov/110

Arte y dinero

por Belén Gache

Espejitos de colores, buzones y terrenos en la luna:  de la economía de mercado a la economía cuántica (pasando por los billetes de artista)

Zone de Sensibilité Picturale Immatérielle : la compraventa como ritual

Zone de Sensibilité Picturale Immatérielle (Zona de sensibilidad pictórica inmaterial) fue una obra de arte producida por Yves Klein hacia finales de los años 50. La misma consistió en una serie de performances y libros de artista, e involucró actos de compraventa con su correspondiente documentación: recibos que rezaban: “Recibidos x gramos de oro fino contra una zona de sensibilidad pictórica inmaterial”. Lugar, fecha y firma funcionaban como datos indiciales que daban fe del acontecimiento. Esto es, del intercambio de un determinado espacio “en apariencia” vacío (la Zona Inmaterial), por una fijada cantidad de oro.

Una vez realizadas las operaciones, el comprador podía optar entre dos posibilidades: o bien entregaba la cantidad de oro convenida y tomaba el recibo -resignando  adquirir el auténtico “valor inmaterial” de la obra -, o bien realizaba un elaborado ritual que consistía en la incineración del recibo mientras Klein, como contraparte, arrojaba a las profundidades del Sena la mitad del oro recibido. El ritual tendría a un crítico de arte, un director de museo y un escribano como testigos. Klein logró vender ocho de estas piezas entre 1959 y 1962. Sólo tres de ellas implicaron el ritual. Los libros de artista tomaron la forma de chequeras de banco. Klein imprimió ocho, de las cuales sólo cinco sobrevivieron hasta hoy. Cada una de ellas contiene diez recibos numerados.

Con esta obra, Klein proponía tanto una reflexión sobre las estrategias de intercambio comercial capitalista como un meditación sobre el indefinible, incalculable valor del arte. Según una corriente definición, un intercambio comercial consiste en la transferencia de una persona a otra de la propiedad sobre determinado bien o servicio, implicando el término “propiedad” el derecho de disponer del bien o servicio en cuestión. Zone de Sensibilité Picturale Immatérielle problematiza el concepto de propiedad privada, concepto básico para la mecánica del funcionamiento del sistema capitalista preguntándose: ¿qué cosas pueden realmente poseerse y qué cosas no?, ¿quién tiene el derecho de poseerlas y disponer de ellas?, ¿cuál es el “verdadero” valor de las cosas?, ¿quién se arroga el derecho de establecer sus precios?

En el campo del arte, numerosas acciones han buscado cuestionar las formas establecidas de intercambio de bienes a nivel social. Así, se ha pretendido vender y comprar cosas en principio “no aptas” para el mismo. Se ha fingido vender estrellas, parcelas en la luna, sueños, la misma nada. La creatividad popular también ha aportado su cuota deconstructiva, intentando -y consiguiendo incluso en ocasiones- vender objetos tales como espejitos de colores, aceite de serpiente, buzones y hasta la misma Torre Eiffel que, de hecho, ha sido vendida en más de una ocasión dando lugar a los subsiguientes litigios. Con la propuesta de su Zona Inmaterial, Klein pretendía vender una pieza invisible, un determinada frecuencia energética.

 

El oro, el aire, el vacío

Sabido es que Yves Klein era un artista especialmente interesado por los temas esotéricos. Incluso pertenecía a una orden masónica: los caballeros de la Orden de San Sebastián. Para él, al igual que para la alquímica, que durante siglos había buscado obtener la energía radiante y purificadora del sol transmutando diferentes metales en el material áureo- el oro representaba lo inmaterial y también lo absoluto. A lo largo de su obra, hizo reiterado uso de este material, por ejemplo, en sus Mono-oros (monocromos realizados en oro. El ritual propuesto por su obra ZSPI, por su parte, implicaba diferentes temáticas relacionadas con el esoterismo: el oro transmutado en vacío –y el vacío en oro- a partir del acto de intercambio, la incineración-purificación del cheque, el sacrificio del oro arrojado a las profundidades del agua.

El tema de la inmaterialidad obsesionaba a Klein quien lo abordaba en sus monocromos, en su sinfonía silenciosa, en la omnipresencia de un mundo pintado de azul IKB (International Klein Blue, color especialmente luminoso y etéreo por él fabricado y patentado. El azul era para él lo invisible haciéndose visible; era el vacío. Al igual que Gastón Bachelard, había reparado en la relación del azul ultramarino con la desmaterialización, con la noción de vacío y también con los sueños. Curiosamente en su libro El aire y los sueños, Bachelard indica: “La palabra “azul” puede designar pero nunca mostrar. El azul del cielo no podrá ser jamás un bien poseído.”

A la época azul de Klein sigue su época neumática, con sus esculturas aero-magnéticas, sus máquinas (la Excavadora del Espacio, el Cohete Neumático). También pertenece a este período su Salto al vacío (1960), la famosa fotografía en la que se lo ve arrojándose desde una ventanas de cara hacia el empedrado de la calle y que apareció impresa en el “Journal du dimanche” del 27 de noviembre del París Soir, en el marco del Festival de Teatro de Vanguardia. Su pie de imagen rezaba: “El pintor del espacio se arroja al vacío”. Adhiriendo a la estética del “Teatro del vacío”, Klein proponía obras en las que aparecería en escena levitando.

 

Física, arte y economía cuántica

En su libro La condición posmoderna, Jean Francois Lyotard señalaba: “Hacer tomar consciencia de que hay algo que se puede concebir y que no se puede ver ni hacer ver: éste es el ámbito de la pintura moderna”.

Mientras que la ciencia occidental desde Newton había creído descifrar todas las grandes constantes físicas del Universo, a comienzos del siglo XX el modelo de indefinición e incertidumbre planteado por la física cuántica pulverizó toda pretendida certidumbre de la física moderna. En el año 1926, la física newtoniana recibió su golpe de gracia con el “principio de incertidumbre” de Werner Heisenberg. Contrariamente a la física clásica, según la física cuántica la descripción de los fenómenos es siempre necesariamente incompleta.  El principio de incertidumbre poseía claras implicaciones filosóficas que subrayaban una forma de saber siempre contingente y parcial.

A él se asociaban las nociones de inestabilidad semántica, inverificabilidad, impredictibilidad. Se trataba de una llamada a enfatizar términos como aleatoriedad, vacío, silencio. Estas ideas están muy próximas, por ejemplo, a pensamientos orientales como el zen, en donde la mente es entrenada para sobrepasar el dualismo entre ser-no ser. En ellas el vacío no es un estado inerte sino pleno de posibilidades.  Mientras que para la física clásica: el vacío era considerado pasivo y sin fuerza, para la física no newtoniana el vacío se constituye como una fuerza dinámica y en movimiento.

El cambio de paradigma epistemológico tuvo gran impacto en el arte y la cultura. Por ejemplo, en el pensamiento de Derrida, Foucault y otros pensadores del postestructuralismo. La dispersión del signo constituía para Derrida un fértil proceso de generación de sentidos y la verdad sólo existía en un hipotético y continuo punto de fuga. Mientras que para la modernidad los signos eran siempre referenciales y remitían a una instancia fuera de ellos, a una realidad concreta del mundo; mientras que se celebraba al sustantivo por sobre el verbo y se concebía al discurso como eminentemente consciente, neutro, no contradictorio y perteneciente a una lógica lineal, deductiva y en donde primaba el determinismo, la certeza y la causalidad, para la posmodernidad los signos poseían significados en constante flujo, autónomos, no referenciales sino autorreferenciales. El conocimiento siempre sería parcial y fragmentado, con muchas verdades y puntos de vista, con paradojas e incertezas.

A lo largo del siglo XX, las llamadas “poéticas de la indeterminación” pudieron rastrearse en estéticas tan diferentes como las de Marcel Duchamp, Jackson Pollock, Yves Klein, John Cage, el grupo Fluxus e Yves Klein, entre muchos otros.

Pero por algún motivo, el nuevo paradigma parecía resistirse a abordar el campo de la economía. Mientras que muchos se preguntan - estos días en que se

hace más que evidente la necesidad de un cambio en un sistema basado en el concepto de economía de mercado vigente desde el siglo XVII-: ¿por qué seguir usando los mismos conceptos de David Ricardo y Adam Smith?, ¿porqué seguir adhiriendo a la “economía newtoniana?, ¿por qué no incorporar las matemáticas del caos al ámbito económico a fin de superar su período mecanicista?, es bueno recordar que estas preguntas tan en boga hoy eran ya prefiguradas desde hace años en el campo del arte.

En la segunda mitad del siglo XX, las neovanguardias, propusieron una serie de ejemplos de “dinero de artista”. Joseph Beuys, Andy Warhol, Robert Rauschemberg, Roy Lichtenstein, el grupo Fluxus, Arman, Carl André, el propio Klein por citar algunos casos, incursionaron en este tópico y el dinero se convirtió en obra, ya sea como ícono pop de la sociedad capitalista, como apropiación, parodia, intervención en el sistema de intercambio público, a manera de deconstrucción y ruido en el mercado de símbolos y valores sociales, reflexionando, cuestionando y problematizando las formas establecidas de intercambio establecidas. Zone de Sensibilité Picturale Immatérielle proponía, ya en los años 60, una economía alternativa, ritual, inmaterial, cuántica.

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